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UN SUEÑO HECHO REALIDAD

Quizá la obsesión quiso que la encontrase arrinconada en el suelo, a simple vista parecía estar muerta, inmóvil, con los ojos cerrados. Me acerqué a ella para cogerla y enterrarla
pero al tocarla abrió los ojos y me agarró los dedos con unas zarpas afiladas que se clavaron en mis dedos. Tal vez era un guiño de compasión. Su corazón palpitaba demasiado deprisa, (no sé si cuando planean retando a la gravedad también le bombea así de rápido)

La llevé a casa, miré bien el torso, le acaricié la cabeza mientras sus saltones ojos se cerraban lentamente
(me recordaron a los de Sara, mi poeta favorita)

Creía que se estaba muriendo, no observaba ninguna herida superficial pero sé que las golondrinas jamás tocan el suelo,su elegancia y su esmoquin deben relucir entre el azul del cielo, por eso me asusté; siempre soñé con tocar una golondrina, con poder observar de cerca esas guadañas, ese buche suave y emplumado. Era horrible tener en mi mano la libertad muriendo lentamente…pero entonces salí al balcón de mi casa (donde revolotean todas las tardes) y la lancé.

Tuve la oportunidad de ver como sus ojos se abrían y sus alas
se extendían para darse impulso y subir a lo más alto. Observé cómo se perdía en la profundidad del cielo mientras yo sonreía y derramaba una lágrima.

He pasado cinco años en Altea fotografiándolas, examinándolas, adorándolas… y ahora unos meses antes de abandonar mi pueblo he tenido la oportunidad de ayudar a una de ellas. Nunca olvidaré el calor que desprende su cuerpo y la perfección de sus alas.
Sólo necesitaba un empujón para volar de nuevo y yo se lo debía, he volado gracias a ellas y hoy una de ellas ha vuelto a volar gracias a mí (aunque mi deuda con ellas nunca será saldada)

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