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Llegó media hora tarde a clase, se sentó en última fila como de costumbre pero esta vez se prometió no sacar una hoja puesto que era muy dado a evadirse de la lección escribiendo o dibujando. Así lo hizo, prestó atención, estaba pendiente a lo que comentaba el profesor. Este hablaba de leyes educativas y toda una parafernalia de normativas en la educación.
Estaba estudiando ese máster con la única intención de tener una puerta abierta a la enseñanza pero él no esperaba dedicarse a eso, él quería vivir de la pintura y la escritura aunque también tenía especial ilusión en trabajar en una penitenciaría, en algún taller de manualidades que se imparten en las cárceles.

Pasados cuarenta minutos desconectó totalmente, sólo veía como aquel hombre bien vestido movía los labios sin parar pero no escuchaba lo que decía así que decidió irse a la cantina a tomarse algo. Se levantó discretamente y salió de clase.
Subió a la cantina pensando en su último soneto, le parecía realmente bueno pero había decidido no subirlo a su blog pues podía causar mucho dolor, no más que al que a él le había hecho.
Llegó a la cantina y al pasar por la terraza la vio. Ella estaba con algunas amigas en las mesas de la terraza, él la saludó sin detenerse y entró hasta la barra.

-Una botella de agua pequeña por favor- le dijo al camarero.

Destapó la botella y dio un par de tragos, sacó sus pastillas y se las tomó. Decidió quedarse allí hasta que terminara la clase; se sentó en la mesa del final, alejado de las únicas dos personas que había dentro, se puso de espaldas a la puerta y comenzó a pensar.
-¿Cómo puede ser tan feliz y hacer como si nada hubiese pasado? ¿Cómo puede desaparecer y no dar señales de vida sabiendo que tengo todas sus cosas?- se preguntaba mientras recordaba el primer cuarteto de le había escrito: Exijo tu perdón y no perdono/ ni el falaz corazón de quita y pon,/ ni la frialdad falta de decoro,/ ni las mentiras que tienes por don

Pasaron unos minutos, durante ese tiempo se iba enfureciendo con los recuerdos que le venían hasta que…

-Hola- dijo una voz a sus espaldas.
-Hola M.- contestó.
-¿Qué tal estás?- preguntó ella sonriendo mientras se sentaba a su lado.
-Como siempre- respondió él moviéndose para no darle la espalda.
-¿No tienes clase?-dijo ella.
-Sí… pero me aburría mucho y me he venido aquí- le contestó.
-¿Y tú?-
-No, yo no tengo.-estaba tomando un café ahí fuera.
-¿y qué haces por aquí? Le preguntó él.
-Pues he venido para hablar contigo y pedirte disculpas porque el otro día…- dijo ella mirando al suelo.
-Jejejejejej, disculpas ¿por qué?- rió él.
-Porque me pasé bebiendo-
-Jejejej, sí pero eso está muy bien, yo también bebí mucho ya me viste, además, no me fio de las mujeres que no beben o que beben vino blanco- respondió. -Aparte… me hizo gracia la cara del dueño del bar, te miraba y no daba crédito, pero a mí no tienes que pedirme perdón, jejej, estuviste muy graciosa-. Añadió.
-Jejejej, ya, eso parece- sonrió ella.

-¿Estás bebiendo agua?- preguntó ella sorprendida.
-Sí, me acabo de tomar unas pastillas; ¿te parece raro que beba agua?-
-Un poco-
-Jejejej, ya, imagino.
-¿ Y qué pastillas te has tomado?-
Él pensó qué responder, pero le dijo la verdad.
-Prozac-

En ese momento llegó un compañero de clase y le dijo que se había dejado sus cosas en la clase y que estaban saliendo todos, así que tenía que bajar para cogerlas antes de que cerraran el aula.
-Bueno M. voy a recoger mis cosas-
-Voy para bajo también-
-Perfecto, ¿vamos pues?-
-Sí-
Bajaron las escaleras, él iba por la parte de la izquierda.
-M. ¿te importa si me cambio de lado?-
-No, jeje pero ¿por qué lo haces?-
-Nada, manías- contestó (No quería explicarle sus extravagancias sin sentido por miedo a que se asustase)
Llegaron al pasillo de clase y este dijo:
-Bueno, ¿qué vas a hacer ahora?-
-Pues…no sé, tenía pensado charlar un rato más contigo, pero si tienes clase…-
-No, ya ha terminado, hasta dentro de media hora no empieza la otra, si quieres entro, recojo mis cosas y salgo.-
-Vale, como quieras- respondió ella.
Así lo hizo, entró, cogió su mochila y salió.
- ¿Dónde quieres que vayamos?-
-Aquí mismo, al sol-
-Muy bien, buena elección-

Se sentaron los dos en el muro de piedras se encendieron sendos cigarros y comenzaron a charlar. Era una chica curiosa, le preguntaba constantemente y prestaba mucha atención a lo que él respondía. Llevaba una rebeca muy bonita, una camiseta verde que dejaba ver su largo y blanco cuello y su clavícula, unos vaqueros desgastados y unas zapatillas negras con motas blancas que a él le hacían mucha gracia. Su rostro de inocencia y bondad y sus sonrojados mofletes cautivaban al muchacho, pero lo más interesante era el reflejo de luz en su comisura, ese brillo era precioso, no podía dejar de mirar el perfil de sus vibrantes labios color carmín.
Hablaron sobre el destino y la suerte entre otras cosas pero él notó que la chica tenía algo de frio y dijo:
-Bueno M. tú tienes frio y yo tengo clase- En realidad se hubiese quedado con ella, pero no quería forzar la situación.
Esta vez sí se despidieron con dos besos y en otra de sus obsesiones, olió su piel y su pelo mientras la besaba. Su aroma era tan frágil y delicado…

Una vez más estaba ahí cuando menos lo espera, una vez más consiguió hacerle sonreír evitando los recuerdos, una vez más…apareció en el momento oportuno.

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