Ella llora como llueve ahí afuera,
no hay peor que un noche de tormenta en domingo,
sus lágrimas se funden con la lluvia que se asoman por su ventana
pegada al cielo de la oscura noche
y teme que la lluvia cese antes que ella,
espera impaciente el solemne silencio que le aguarda
tras el trueno y el relámpago inesperado.
¡No llores amada!, no le des ese privilegio a los cobardes;
yo estoy contigo.
Ella alza los dos brazos y asomada a la ventana,
dirige la melancólica melodía esperando escuchar
el sonido de su amante atrayendo a sus golondrinas.
Ahí llega con la bandada a cuestas y un negro caballo árabe
que relincha agonizando para avisar a la valiente que reta a la luna en un duelo de menguantes.
Ella busca el reflejo de su poeta en la hermosa luna
que muda se encuentra sin querer desvelar el final de la noche de la lluvia
¡Salta! ¡Salta valiente!, a la espera de tu cuerpo inerte me encuentro.
¡Salta valiente, ¡Mírame! no cierres los ojos, no los cierres
¡Sonríe! , vas a venir.
Ella sonríe pues su poeta sabe que el corazón de su amada es una caja de música que suena cada vez que él le recita
¡Vamos valiente!
¡Aléjate de ellos!
¡Están muertos!
¡Muertos!
La amante enmudece, toma impulso, llena su pecho con una bocanada de aire y mientras lo suelta se lanza al vacio con una sonrisa.
0 Comments:
Entrada más reciente Entrada antigua Inicio